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Lunes, 15 de junio de 2015  
Pulso
Canciller Heraldo Muñoz: Una copa de unidad
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Por Canciller Heraldo Muñoz

Ya comenzó la gran fiesta del fútbol en las Américas. Escribo con la alegría del debut; con el triunfo de Chile sobre Ecuador, dos buenas selecciones que se han preparado para competir por el título, al igual que el resto. Solemos hablar de una fiesta con motivo de este tipo de torneos, ya se trate de los mundiales o de copas regionales. Es que el fútbol apasiona e interesa a la mayoría de la población, que se compromete con la suerte de sus equipos y los alienta desde las graderías o desde sus hogares.

Una Copa América es un pretexto para la sociabilidad, para reunirse para hacer un asado, para compartir con los amigos la emoción de partidos cuyo resultado es imposible predecir. Pero este tipo de competencias también tiene una dimensión de integración entre los países que participan; si para el país anfitrión es una vitrina que le permite mostrar a su gente, su cultura sus ciudades, sus estadios, para los visitantes, hinchas jugadores y telespectadores, debiera ser una oportunidad para conocer y apreciar otra cultura, otra manera de instalarse en el espacio público, otra manera de convivir.

Por eso también celebro que Chile sea el país que juega de local, tanto en la cancha como en la organización del encuentro. Tenemos la capacidad de gestión y la infraestructura que nos permite llevar a cabo una copa que convoca a las selecciones americanas y a una gran cantidad de hinchas que vienen al país a apoyarlas.

Y si bien cada selección recibe el apoyo de sus connacionales, también vivimos, en la cancha y fuera de ella, el sentimiento de ser parte de una región en donde nos conocemos y nos apreciamos. Hay rivalidad, qué duda cabe, pero también respeto. Es el gran valor del fútbol, su capacidad de unir más allá de las fronteras, a pueblos que participan de la misma emoción. Es la fuerza de un deporte que tiene tanto arraigo popular y que apasiona con el talento y la capacidad de jugar en equipo de las selecciones nacionales. Porque de eso se trata: hay que saber pasársela al compañero. En el fútbol y en la vida.